Historias de personas homosexuales: EDWARD - LA AGONÍA DE UN JOVEN


Domingo, 08 de febrero de 2009






FICHA 4.7



1. TEMA DE LA FICHA: SANAR LA HOMOSEXUALIDAD


2. OBJETIVOS A CONSEGUIR:

a. Conocer el proceso terapéutico desde las historias de casos
b. Contactarse con la propia historia desde experiencias de otros.


3. DOCUMENTO A TRABAJAR:

DOCUMENTO Nº. 4 HISTORIA DE CASOS DE LA TERAPIA REPARATIVA, de Joseph Nicolosi.



CAPÍTULO: 7. Edward – La agonía de un joven


El joven Edward Paterson me fue traído por su madre porque había encontrado unas revistas pornográficas en su habitación. Este descubrimiento llevó a la confesión dolorosa de Edward de que era homosexual. Triste y confundida, La señora Paterson insistió en que Edward fuera a la consulta de un psicólogo.

                Madre e hijo vivían en una gran casa que pasa por encima del océano en las Palisades Pacific, mientras el hermano y la hermana de Edward vivían con el ex-marido de la señora Paterson en la ciudad de Los Ángeles. Su padre era un famoso abogado criminal.

                La señora Paterson iba vestida con un traje de lino crujiente con bolso y zapatos correspondientes de caimán. Su apretón de manos fue fuerte y su forma directa. Presentó a su hijo con una expresión severa, luego se volvió para dejarnos. Mirando por encima del hombro dijo con tristeza: “Espero que pueda ayudarle, doctor Nicolosi.”

                Suele ser la madre la que reconoce el problema de homosexualidad de su hijo y muchas madres han sido instrumentales para traer a sus hijos al tratamiento. El padre con frecuencia parece ciego ante las dificultades e incluso si las ve, raramente es una fuerza activa para iniciar el tratamiento de su hijo. De hecho, La madre de Edward había estado preocupada por su afeminamiento y su carencia de amigos varones durante años. Con frecuencia había sospechado que esto podría llevarle a la homosexualidad. Por otra parte, su padre se había sorprendido completamente cuando oyó lo del interés de Edward por la pornografía gay.

                Sentí un dolor particular por este chico adolescente que intentaba hacer lo correcto mientras se sentaba en frente de mí, medio asustado y medio desafiante. ¿Era un chico o un hombre? Ed era claramente algo de ambos. Su pelo oscuro caía sobre su rostro pálido y sensible. Era delgado y de alguna forma ligero pero mostraba un pecho y unos brazos en desarrollo bajo una camiseta voluminosa. Cuando su madre lo dejó a solas conmigo, estaba claramente asustado.

                Después de unas pocas bromas, fui directo al grano: “Hablemos francamente del por qué estás aquí. Tu madre no está contenta con tu homosexualidad.”

                Edward se movió en su silla y se rió nervioso.

                “¿Cómo te sientes por ello?” ¿Quieres trabajar en el cambio? ¿O lo que quieres es que te ayude a aceptarlo?” Parecía perplejo, luego dijo en una voz baja, bastante despacio: “Es que como nunca he hablado con mucha gente de esto antes…” Hizo una pausa y añadió luego: “Es obvio que la homosexualidad no es socialmente aceptable. Quiero decir, que por sólo esa razón, no quiero ser gay.”

                “¿Pero tú mismo no te sientes motivado para cambiar los sentimientos?”

                “No, no creo.” Medio sonrió y pareció avergonzado.

                Este es el dilema esencial del adolescente –su deseo de poner su vida en un camino sano, en conflicto con el deseo obligatorio de satisfacer intensas atracciones eróticas. A diferencia del adulto que viene a mí después de romper con el tirón de la vida gay durante varios años, y que ha decidido inequívocamente que no la quiere, no se puede esperar de un adolescente que sublime la gratificación sexual durante una visión de largo tiempo. Especialmente cuando la cultura popular le dice que debe abrazar su homosexualidad.

                “La razón por la que te lo pregunto”, dije, “es que no puedo ayudarte a adquirir una identidad gay. Esa no es la clase de trabajo que realizo. Si eso es lo que quieres, debes ver un psicólogo de afirmación gay.”

                Edward parecía inseguro. “No lo sé. Tenemos una oficina de asesoramiento gay en la escuela. Este asesor me dio muchos consejos, algunos libros y panfletos gays, y  me llevó bajo su ala… así que creo que debo oír lo diferente que eres.”

                Sabía que Edward estaba hablando del Proyecto 10, un servicio de las escuelas públicas formado por asesores gays voluntarios. Estos programas, a los que me opongo frontalmente, no hacen que los estudiantes tomen conciencia de que existe cualquier otra alternativa. El mensaje es: “Nunca cambiarás. Tu única opción es aceptar y abrazar una identidad gay.” 

                Sentía que Edward se estaba confundiendo por mensajes contradictorios. A comparar ideologías no era para lo que había venido y estaba perdiendo el interés. Decidí centrarme en lo que él mismo veía como sus necesidades.

                “Por supuesto, comprendo que tus atracciones hacia otros chicos son muy fuertes y muy importantes para ti ahora. No nos centraremos en quitar esos sentimientos a menos que tú quieras.  Si quieres, por ahora podemos pasar un par de sesiones comprendiéndote, qué es lo que está pasando en tu vida.”

                Asintió, pareciendo aliviado. Dijo: “mi mayor problema ahora es el colegio. Tengo esta fobia al colegio.”

                “¿Qué te da miedo exactamente del colegio?” Pregunté

                “Todo,” respondió. “No sé… justo todo.” Parecía estancado.

                “Pero tu madre me dijo que tenías un papel importante en la obra del colegio y que estás en la lista del decano. ¿Cómo puedes tener fobia al colegio y ser un estudiante de honor?”

                “Oh, no es el trabajo,” corrigió. “Es sólo que me pongo nervioso tan pronto como me acerco al edificio.”

                “Bien, intentemos centrarnos en lo que te pone nervioso del colegio.”

                Mi tono preocupado parecía confortarle. Por primera vez en esa sesión, comenzaba a centrarse.

                “No lo sé. Existe el miedo de estar bajo el control de algo, quizás de los profesores y de los principales. Puedo manejar otras cosas sociales como clases de drama o cosas así…”

                “Para la mayoría de los chicos, el instituto está O.K.,” continuó. “Encajan perfectamente en él. Pero por alguna razón soy diferente.”

                “¿Por qué crees que eres diferente?”

                “No lo sé,” dijo, perplejo. “No sé la razón. Sólo sé que lo soy.” Me miraba desamparado.

                “De acuerdo, no nos preocupemos por las causas,” dije. “Empecemos con la experiencia. ¿Qué sientes?”

                “Es como si estuviera en la cárcel y todo el mundo me dice lo que tengo que hacer.”

                Sospeché que el verdadero problema era que Ed carecía de apoyo social. Sin amigos que le comprendiesen en los que pudiese confiar sus conflictos, se sentía solo y alienado, volcándose en la satisfacción en el trabajo académico y buscando auto-expresión en el teatro.

                “Cualquier cosa sería mejor que el colegio,” continuó con tono de auto-compasión.

                Desafié: “¿Cualquier cosa sería mejor que tener que tratar con gente de tu misma edad?”

                “Bien, excepto para las clases de teatro,” corrigió Ed. “En verdad me siento cómodo tratando con los estudiantes de teatro.”

                “¿Puede que no quieras encajar con los demás alumnos, especialmente con los chicos?”

                Ed me miró. “Eso es verdad,” dijo solemnemente. “No quiero encajar con los demás chicos. Soy diferente.”

                Ed estaba utilizando su interés teatral para justificar el sentimiento de diferencia que venía de su homosexualidad. (“Soy demasiado artístico y demasiado diferente y demasiado especial como para estar con los demás chicos en el instituto.”) Este paquete gay-artístico justificaba su exclusión de los “aburridos” chicos heterosexuales. Este iba a ser un tema repetido en los primeros cuatro meses que estuvimos juntos.

                “Y ese es el gran problema,” dije. “La mayor bifurcación en el camino de tu vida. Seguirás confrontando esa bifurcación por el resto de tu vida –‘¿Entro en el mundo heterosexual? O ¿me quedo en el mundo gay?’”

Los mismos portavoces gay están en desacuerdo en cómo manejar este asunto. Algunos discuten que el gay es como el heterosexual excepto en su “preferencia” sexual.  Otros mantienen que una “sensibilidad gay” separa invariablemente  a la gente gay de la sociedad convencional.

Sentía que Ed no podía manejar esta cuestión ahora –era demasiado abstracto y futurista. En cualquier momento, el reloj nos diría que la sesión había terminado.

“Bien, Ed,” pregunté: ¿Has conseguido bastante de mí ya o quieres probar una sesión más?”

“No lo sé.” Se encogió con indiferencia.

Esperé.

Pensó un minuto: “Regresaré una vez más, creo. Me gustaría hablar un poco más de mi fobia escolar.”

La semana siguiente, Ed  entró lentamente con la misma apariencia de abatimiento que había tenido en la sesión anterior. Me preguntaba que cuánto de esto era una actuación. Debido a que él no tenía nada que decir por sí mismo, le pinché abordando la relación con su madre. “Tú y tu madre viven juntos y tu hermano y hermana viven con tu padre. ¿Cómo pasó esto?”

“Mi hermano y hermana son mayores,  por lo que fueron con mi padre. Vivir con él es como vivir por ti.”

“¿Más libertad?”

“Sí. Por eso quiero irme a vivir con él.” Rió amargamente. “Mi padre nunca sabe lo que pasa –está demasiado ocupado con su abogacía. Nunca se ha implicado mucho en nuestras vidas. Creo que eso hace más fácil vivir con él.” Sonaba como si estuviese disgustado.

“Hay otra razón por la que quisiera marcharme de casa ahora,” añadió. “Me gustaría huir de mi madre.”

“¿Por qué?”

“Estoy enfermo de las peleas continuas con ella todo el tiempo.” La voz de Ed era todavía baja pero más determinada.

“¿Qué hace para que te enfades?”

“Bien –en verdad éramos muy íntimos. Puede que porque yo era el más pequeño, mamá me ponía a su alrededor. Siempre hacía cosas con ella. Creo que nunca tuve muchos amigos. Pero ahora, a veces ella es muy molesta para mí.” Se retiró en silencio.

“¿Cómo te molesta?”

Encogió los hombros sin decir nada.
“Venga,” le urgí. “Es importante identificar cómo te molesta.” La pasividad de Ed estaba comenzando a llegarme.

Hubo una pausa larga. “Es sólo que es demasiado ruidosa. Hacíamos todo juntos. Quiero decir, nunca habíamos peleado hasta el año pasado.”

“Quizá cuando salieron a flote tus sentimientos sexuales, ¿creó un conflicto y eliminó a tu madre?”

Continuó como si no hubiese hecho la pregunta. “Sólo siento eso –no sé, es como que le tengo toda esta ira pero en verdad no quiero tenerla.”

Este era el típico conflicto de todo adolescente –pero experimentado con mucha mayor intensidad por un adolescente homosexual. Ed quería mucho a su madre pero había también un impulso para atrasar más tiempo su separación de ella. Quizás inconscientemente, sentía que su cercanía había contribuido a su homosexualidad. Los chicos heterosexuales generalmente alcanzan la autonomía de sus madres muchos años antes. 

“De acuerdo,” dije. “Necesitamos comprender por qué estás enfadado con tu madre. Porque ya sabemos por qué estás enfadado con tu padre. Tu padre es inefectivo.”

“¿Qué es ‘inefectivo’?” Preguntó Dan.

“Como en ‘efecto’. Tener un efecto. Tu padre tuvo poco efecto sobre ti.”

“Sí, un blando.” Había desprecio manifiesto en su voz.

Continuó. “Mamá tiene problemas para decidirse. Una semana dice que tener mi propio coche sería bueno para mí, la siguiente me dice que es ‘peligroso’.”

“¿Un coche?” Pregunté.

“Yo pensé que un coche me haría sentir mejor sobre el colegio. Ese es todo el tipo de libertad.”

“Así que ella te anima y luego desanima.”

“Sí.” Alivio en su voz.  “Me hace sentir culpable por todo.”

Aquí oí la base de su sentido de ausencia de poder. “¿Sientes que ella te confunde y te frustra?”

“Sí. Nunca sé si la puedo creer. Anoche la oí llamar a mi padre y le decía: ‘Ven e invita a Ed a cenar o a algo.’ Luego entra en mi habitación y dice: ‘Papá llamó y dijo que quería cenar contigo.’ Y yo pensé: ‘¡Qué raro! ¿Por qué llamaría? No suele hacerlo.’ ”

“Está bien,” dije.

“Así que cojo el inalámbrico y oigo que mi padre le dice: ‘Pero Beatrice, no quiero salir con él ahora. ¡Ya he cenado!’ Colgué y dije: ‘Olvídalo, mamá. No me siento con ganas de salir esta noche.’ ”

“Pero no le dijiste el por qué.”

“No. No me molesté. ¿Para qué?”

“En vez de expresar tu ira o decirle que te sientes manipulado, de mal humor.  Entonces tus padres se preguntan: ‘¿Por qué está Ed tan callado? ¿Por qué está tan malhumorado?’ ”

“Ahora que lo pienso, me doy cuenta de que ese tipo de cosas pasaban cuando era niño. Mi madre decía: ‘Chicos, Papá os va a llevar a Disneyland o a algún otro sitio’, y nos llevaba. Pero estaba de mal humor todo el día, como si no quisiera estar allí.”

“Bien,” dije, animándole a seguir.

“Y probablemente porque ella se lo había dicho.”

Oí el modelo familiar de las vidas de muchos de mis pacientes homosexuales –un patrón de comunicación familiar manipulador que no le da al niño opción sino de retirarse en el aislamiento auto-protector.

“Ella siempre tenía que tener el control,” dijo Ed desamparado.

Hizo una pausa. Había una triste expresión en su cara. “Pero así y todo, sé que ella me quiere mucho. Hace todo lo que se supone que una madre hace, como muchas cenas deliciosas y llevarme a la Iglesia y cosas así. Pero –es como que le importa demasiado y se implica demasiado y demasiado-” Las palabras le fallaban.

Pensó durante un minuto. Luego continuó. “Es como que nunca quiero hablar con ella de algo personal. Intenta comenzar una conversación y dice: ‘¿Qué tipo de coche quieres comprar, Eddie?’ y Solamente me pondré susceptible. Pero luego otras veces pienso: ‘¡Oh Dios, sólo estoy siendo un idiota y ella está intentando ser una buena madre!’ ”

Al padre no le importa bastante y a la madre le importa demasiado. Pensé: “Estos mismos sentimientos de intrusión y pérdida de poder personal se transferirán a las chicas que conoces,” dije. “Si una chica consigue demasiada cercanía, la echas fuera.”

“Sí,” admitió. “Es divertido que saques eso a colación. Como el año pasado era muy popular y tenía muchas amigas y eso. Recuerdo que cuando yo le comenzaba a gustar mucho a una chica, me ponía muy rudo, al igual que con mi madre.”

“Exacto. Primero, tienes miedo de que ella espere una reacción romántica. Pero más que eso, no quieres verte atrapado en la misma situación que tienes con tu madre –sentirte manipulado por ella y responsable de sus sentimientos.”

“Edward había estado mirando hacia abajo y jugando pero ahora me miraba, asustado.

Sabía que había identificado un conflicto familiar en la mayoría de los homosexuales. Continué: “Cuando eras un niño pequeño y tu madre no estaba contenta, tu tarea era hacerla feliz. Este sentido de responsabilidad por los sentimientos de tu madre es transferido a las relaciones con las chicas que consiguen demasiada cercanía contigo.  Inconscientemente, te afectan los sentimientos de la chica y sus expectativas. Cuidar de ella es incómodamente familiar –es una vieja trampa, y significa la negación de tus propias necesidades.”

Edward asintió lentamente.

“Además, eres rudo con las chicas porque ya tienes demasiada feminidad en ti. Lo que te atrae de lo masculino es lo que echas de menos en ti.”

Cambiando de tema, continuó: “Sólo daba una audición de ¡Oklahoma! En el teatro de verano. Aspiraba a  Curly, el papel principal.”

“No es coincidencia que te encante el teatro,” señalé. “El teatro es una forma de huir de ti mismo. Quieres ser un artista, por encima de los hombres normales. El teatro es una perpetuación del falso yo.”

Miré al reloj. “A propósito, es tiempo de que terminemos esta sesión. ¿Quieres tener otra cita o has oído ya más de lo que querías oír de mí?”

Ed dijo: “Tengo que ver lo del programa de ensayos de teatro.” 

“Recuerda, tú decides si y cuando quieres continuar”

“Lo sé.” Hubo una sonrisa ligera en su cara mientras disfrutaba siendo el que tenía el mando. Finalmente dijo: “Te veré la próxima semana, a la misma hora. ¿O.K., Doctor?”

Ed no veía su problema de homosexualidad. Con el  paso del tiempo, era una clase de asunto distante, algo que no abordaba porque no sabía cómo comenzar a tratarlo. En vez de eso, hablaba solamente del colegio y  “problemas de relaciones.”

El caso de Ed sirve de ejemplo de los desafíos típicos de un chico adolescente con orientación homosexual: (1) ira a un padre inefectivo y no implicado; (2) ira a una madre intrusa y que confunde; (3) exclusión de sus semejantes (especialmente chicos); (4) interés en el drama y en el teatro como forma de su identidad y desafíos sociales; y (6) una actitud de superioridad como compensación de un sentido de inferioridad masculina.

Ed resaltaba regularmente, pidiendo pronto dos sesiones a la semana sobre la base de que sus padres le “estaban volviendo loco.” Después de un mes de terapia, una tarde entró caminando, se sentó en la silla y me echó una seria mirada. Había shed la mayoría de su actitud de indiferencia más temprana.

“He estado muy mal con mi padre últimamente.”

“Seguro que sí.” Quería reasegurarle que no había cometido ningún crimen expresando un lamento de mucho tiempo.

Dijo: Quiero decir que he estado realmente enfadado –en las dos últimas semanas.”

“Seguro que sí.”  Volví a reasegurarle.

 “Parece que es así-” A Ed no le salían las palabras.

Esperé. Continuó: “Es todo esa ordalía con tener un coche. Mis padres estaban de acuerdo pero luego, en el último minuto, decidieron que no. Mi padre dijo, ya sabes: ‘Humor le hasta que encontremos una excusa para salir de esta.’ Eso es lo que me ha dicho mi madre.”

“¿Cómo te sentiste por eso?”

“Siempre hace eso y luego lo niega todo. Como el otro día, conseguí alrededor de treinta CD’s en el correo que pedí de de un catálogo de club pero no tengo dinero para pagarlos. Y mi padre dice: ‘Oh, no los pagues. En verdad no puedo venir tras de ti porque eres menor.’ ”

“Y mi madre dice (con voz chillona): ‘Edward, ¿qué vas a hacer? ¡Esta es la tercera vez que te he pasado la factura! ¿Vas a pagarlos o qué?’ Y digo: ‘Bien, realmente no merece la pena que los pague. Papá me dijo que no los pagase.’ Y así Mamá tiene un completo arrebato y va a regañarle y por supuesto él lo niega. Así que él se mete en problemas con ella y me dice: ‘¿Por qué le dijiste a Mamá que te dije eso?’ Le dije: ‘¡Porque lo dijiste!’ y él dice: ‘No, no lo hice. Nunca dije eso.’

“No siento que “-luego se interrumpió a sí mismo, siguiendo: “La mitad de las veces en las que le hablo, quiero decir, parece que me está escuchando pero es como que se lo saco a colación el siguiente día y no se acuerda.” La voz de Ed era llorosa y sus hombros caídos.

“Es como si no te tomase en serio,” dije.

Me di cuenta claramente de por qué Edward venía regularmente. Más que por cualquier otra cosa, porque yo lo tomaba en serio.

Hubo una larga pausa. “Le dije a mi madre que no quiero ir más a la casa de él porque en verdad no merece la pena. Quiero decir que voy allí y resulta que tiene que estar en la corte o salir con su novia.”

“¿Entonces por qué vas?” Pregunté.

“No lo sé.” No es tanto un  asunto de odiarle como de no querer estar a su alrededor.”

“O.K.,” dije: “Pero ¿Por qué lo evitas?”

Se sentó, se encogió y dijo de forma simple: “No me comprende.” “Sólo soy diferente a él.”

Respiré profundamente, como cuando uno comienza una larga conferencia. Odio dar sermones, especialmente a un chico de 16 años que admite que odia –o teme- que se le diga algo pero quería desafiar a su actitud pasiva y complaciente.

“Te crees que eres tan único,” presioné.  “Pero la mayoría de los hombres con problemas de homosexualidad sienten miedo e ira hacia las figuras autoritarias masculinas, que piensan que no les comprenden. Recuerda, has estado desanimado por tus padres, tus primeras figuras de autoridad. Te han herido y abandonado. No puedes confiar en su autoridad -su paternidad- sobre ti.”

“Es especialmente cierto para tu padre que se supone que debe cuidarte por medio de su fortaleza de adulto. ¿Cómo puedes fiarte del poder de tu padre sobre ti cuando constantemente te desanima? Así que mira,” Sabía que estaba llevando a Ed al límite, “no eres ni tan inusual ni tan especial.”

Ed comenzó a comprender que el sentimiento de ser diferente del homosexual es defensivo. Le expliqué que se retira en esta fantasía de ser diferente y especial como una forma de justificar su falta de voluntad para conocer a otros chicos en términos iguales. De esa forma, puede despedir a otros varones como despidió a su padre, volviendo al lugar protegido y privilegiado de su madre. En ese mismo momento, guarda rencor a su madre por permitirle evitar el desafío de reivindicar su masculinidad y el poder intrínseco que forma parte de ella.

Le expliqué que este sentimiento de ser especial probablemente se originó en su temprana infancia, en la fase de identidad de género, cuando evitó por primera vez los desafíos de la identificación masculina.  Fue entonces cuando decidió evitar los desafíos de separación e individuación  y el desafío de ser autónomo de su madre. Al hacer eso, había abandonado mucho de su poder personal que era esencial para el desarrollo de su masculinidad. Enseguida, el sentirse especial era una defensa conveniente que le permitía evitar los desafíos de reivindicar tanto la masculinidad como el poder intrínseco.

Ed se sentó derecho en su silla, escuchando atentamente. Como si se sintiera aliviado de la carga de sentirse especial, dijo: “Parece que todo lo que no relacionaba necesariamente con la homosexualidad, como actuar, la autoridad y cosas así –todo está relacionado, todo tiene sentido.”

“Has estado manteniendo todo esto para ti sin compartirlo con nadie. Ahora puedes reforzar ese sentido de ser diferente y especial o puedes trabajar en ser un chico normal, aprender a cómo relacionarte con los chicos de tu edad. Ya ves, no es una coincidencia que estés en el teatro porque es una forma de evadirte de estos desafíos diarios.”

Ed parecía perplejo, luego enfadado. “Así que si sólo soy como los demás y no tengo problemas especiales, ¿merece la pena que continúe viniendo a estas sesiones?”

Escuché su inferencia: “Si no soy alguien especial, entonces ¿quién soy?” decidí no dirigir esto pero sí mantener práctica la discusión.

“Hay dos motivos por los que deberías seguir viniendo a la terapia,” le dije. “Primero para disminuir la herida y confusión de tu vida, y segundo, para intentar desarrollar la parte heterosexual de ti mismo.”

Suspiró. “Es difícil estar seguro de lo que quiero.” Una pausa larga. “Creo que quiero desarrollar la parte heterosexual de mí mismo pero oigo tantas cosas –la gente que dice que tengo que ser gay para ser verdaderamente yo mismo… cosas así.”

“Estarás oyendo mucho de eso. Del mundo gay obtendrás un conjunto totalmente diferente de respuestas. Pero recuerda este principio básico, Ed. Si no haces nada, si decides dejarte llevar  y seguir a la gente- terminarás siendo gay.”

“Bien, por ahora,” dijo Ed, “me gustaría comenzar comprendiendo cómo tratar a mi padre.”

El padre, pensé, inclinándome hacia Edward. Con qué frecuencia oigo esa frase en mis clientes. Con qué frecuencia es el asunto en mano uno de los problemas con el padre.

Me fui de vacaciones después de esa sesión con Edward. Cuando nos vimos otra vez un lunes lluvioso tres semanas más tarde, Edward parecía muy triste y desanimado cuando llegó. Se quitó su abrigo, sacudió un paraguas empapado en la alfombra a su lado y se desplomó pesadamente delante de mí.

“He estado pensando que no soy tan feliz teniendo estas tendencias homosexuales.”

“¿Qué ha pasado?”

“Bien… ya sabes lo solo que he estado porque no tengo amigos. Así que, hace un par de semanas estaba paseando solo en el parque cuando vi a ese tipo mayor –probablemente de tu edad, más o menos- y empezamos a hablar. Pensé que debía ser gay porque era demasiado amistoso. Hablamos un poco –su nombre era Jason- y nos dimos los números de teléfono. Esa noche me llamó y me invitó a salir a ver una película.”

“Luego me invitó a una fiesta que resultó ser de gays, la mayoría de su edad.” Se rió amargamente. “Fue la mejor fiesta en la que he estado. Yo era el centro de atención.”

“Así que conseguiste lo que no podías encontrar con chicos heterosexuales en el colegio. Por eso el ambiente gay es tan atractivo –consigues aceptación inmediata.”

Edward se rió pero su cara mostraba infelicidad. “Lo sé. Es más difícil con los demás chicos. Con ellos, no soy nada especial.”

“¿Y qué pasó?”

“Bien…” Parecía con vergüenza. “Aunque en verdad no era lo que iba buscando, tuve sexo. Ojalá hubiera sido afecto y podríamos haber sido amigos. Puede que si me hubiese desgreñado el pelo o algo, me abrazase un poco… como eso.” Se rió, avergonzado. “Pero me dio un masaje y luego –bien, una cosa llevó a la otra.”

“Ya veo.”

“Así que me interesé bastante en él. Pero luego, al día siguiente, llamó y me dijo que su pareja formal, Harold, le había pedido que se fuera a vivir con él. Jason me dijo que no me preocupase, que no afectaría a nuestra amistad.”

“¿Así que todavía sois amigos?”

“Bien, el viernes por la noche Jason me pidió que le ayudase a transportar sus cosas a la casa de Harold, y resultó que Harold fue muy agradable conmigo, muy amistoso.  Salimos a comprar una pizza y eso, y dijo que quería que fuésemos amigos. Yo no quería perder a Jason  por lo que seguí con ello. Luego regresamos a su apartamento y pusieron una película porno. Jason y Harold me desvistieron y…”

“¿Y qué?”

“Y… “ruborizado, “Se turnaban haciéndome una felación.” Intentando con acento francés: “Un ménage à trois, lo llamó Jason.” Edward me sonreía con timidez. “Después los dos me dijeron que me querían y qué podía ir a vivir con ellos. Que los tres lo pasaríamos muy bien juntos.”

Después de una pausa larga y en silencio, le pregunté: “¿Así que conseguiste lo que querías?”

La voz de Ed parecía cansada. “No. Realmente sólo buscaba amistad. Afecto. Les dije a Harold y Jason que no podía formar parte de su relación.”

La historia de Edward ilustra el falso atractivo de atención especial ofrecida tan a menudo por el mundo gay. Los jóvenes como Edward –que necesitan desesperadamente atención, afecto y aprobación masculina- son seducidos e introducidos con mucha frecuencia en aventuras sexuales corrompidas o descartadas.

“Hay mucha diversión salvaje y ultrajante, y es muy atractiva para jóvenes como tú. Encontrarás atención inmediata- y sientes que es como un sueño que se hace realidad. Durante un momento, es eso,” le dije.

“¿Pero y los chicos heterosexuales?” Continué. “¿Has conseguido algún amigo heterosexual?”

“Me da miedo intentar entablar una amistad. No puedo simplemente dirigirme a un chico y hablar… Pensará que estoy acosándole.”

Esa es una idea confusa del mundo gay, pensé. Estas relaciones sexuales entre gays no es amistad. Los gays no pueden separar la amistad de la sexualidad. Edward tampoco tenía muy clara la separación. Necesitaba hacer conscientemente la distinción entre amistad y sexo. Ahora estaba proyectando su propia confusión sobre los heterosexuales con los que había estado intentando que fuesen sus amigos.

“¿Por qué iba a pensar un heterosexual que iba a llevar a cabo una conversación amistosa? Para él, las amistades masculinas no implican la sexualidad.  Antes de que Ed pudiese responder, continué: “No hay nada malo en buscar atención –pero no sabes la forma correcta de conseguirla. Hablar con esos tipos que te resultan atractivos. Hacerlos reales. Si no hablas con ellos permanecerán siendo objetos –más grandes que la vida.  Si permaneces aislado, tus sentimientos eróticos se intensificarán. El interés sexual aumenta cuando estás solo y aislado.”

Ed asintió, considerando esto.

“Si quieres unirte a mi grupo –es los lunes por la noche –puedes escuchar a los hombres que han estado en el mundo gay y lo han dejado. Quiero me les oigas describir sus experiencias.”

Estuvo de acuerdo. “Me gustaría unirme al grupo. Conocer a esos hombres. Estoy preparado para trabajar sobre cómo tratar mi homosexualidad.”

Esa primavera Ed se graduó del instituto y comenzó sus vacaciones de verano. Su preocupación sobre la fobia al colegio se fundió el fondo y continuó trabajando sobre los aspectos de su padre y su necesidad de amistades masculinas.

Pronto entabló amistades íntimas con hombres del grupo, en especial con Charlie.  Como Ed era unos pocos años más joven que los demás, tenía mucho que aprender desde la perspectiva de los hombres que ya habían tenido una experiencia de la vida gay. Y por primera vez en su vida podía tener relaciones honestas, íntimas y no sexuales con hombres que comprendiesen sus tentaciones.

En las semanas siguientes Ed ya no volvió a experimentar más los típicos altibajos de un adolescente con lucha homosexual. Después de todo, iba mejorando.

Luego admitió lo difícil que se habían vuelto las cosas en relación con su madre durante el verano. Dijo cómo había ido recientemente en bicicleta a casa de su padre, sólo para huir de ella.  Su ir y venir entre su madre y su padre simbolizaba  un predicamento común en los jóvenes homosexuales que se sienten atrapados entre una madre sobre-implicada e intrusa y un padre muy poco implicado y nada interesado.

“El sábado por la noche no tenía nada que hacer por lo que fui a ver una película de terror con mi madre.  Estaba aburrido y no tenía otro sitio donde ir. Cuando regresé me sentí realmente zumbado.  Termino pasando muchos sábados por la noche con mi madre.”

“¿Por qué no tienes buenos amigos con los que salir?”

Con su mirada de niño pequeño perdido respondió: “Porque no puedo encontrar ninguno.”

“No puedes hacer ninguno,” corregí.

Ed parecía desconcertado.

“Hmm. Bien, ¿Has oído la historia del sándwich de atún?” Le pregunté.

“¿El sándwich de atún?” negó con la cabeza.

“Sí, todos los días, dos hombres almorzaban juntos. El primer día, el mayor desenvuelve su sándwich. Pastrami en centeno, conserva en escabeche en esa parte, ensalada de patatas. El más joven abre su sándwich –atún.”

“El segundo día, el mayor saca un sándwich de queso suizo importado en un rollo emperador, mostaza dijon y ensalada. El más joven saca su sándwich de atún.”

“El tercer día, el mayor desenvuelve su almuerzo –avocado, coles y tomate sobre todo el pan de trigo. El más joven saca su sándwich y exclama: ‘¡Atún otra vez!’ ”

El mayor pregunta: “¿Por qué no le dices a tu mujer que te prepare otro tipo de sándwich?”

“¿Qué mujer?” dice el más joven. “Yo me preparo mis propios sándwiches.”

Edward sonrió.

“Así que no quieres ir al cine con tu madre el próximo sábado, ¿verdad?”

“No.”

“Estás utilizando a tu madre como sustituta de amigo semejante. Haz algún tipo de plan y no esperes al último momento para llamar a un amigo. ¡Haz estado haciendo tu propio sándwich de atún!”

Un poco irritado, Ed cambió de tema. “Ayer, tropecé con la chica a la que me solía sentar a su lado en el aula del curso. Me preguntó si quería acompañarla al paseo a cambiar unos vestidos que compró.”

“¿Y fuiste?”

“En cierto sentido la paré.” No estoy seguro de querer volver con la gente que conocí en el instituto –gente que me conocía como un chico callado… ya sabes… no masculino. Y ahora, si actúo diferente con ella, puede que ella me vea como farsante.” Dudaba, eligiendo sus palabras con cuidado. “El hecho es  que he estado pasando por muchos cambios recientemente.  Me he estado sintiendo diferente sobre mí mismo. Ahora no puedo verme seguir yendo con una chica a cambiarse la ropa. No estoy seguro de que entienda que me siento distinto acerca de esto.”

Asentí. “Nuestros amigos y familia tienen un interés investido en que sigamos siendo el mismo para ellos. Los viejos amigos del instituto se resistirán a ver a un  Edward diferente, a un Edward maduro.”

Ahora no tengo tanta paciencia con las chicas, su cotilleo y eso. No me hace sentir cómodo como antes.”

Expliqué: “Estás empezando a hacer ahora lo que perdiste en tu temprana infancia –el rechazo necesario de las chicas que chicos de edad latente pasan. Es la fase del odio a las chicas’.”

“Sí. La fase de ‘Las chicas son ofensivas’ –ya sé. Nunca pasé por eso.

Continué: “Toda esta terapia se centra en superar tu exclusión defensiva de los hombres. Recuerda, cuando eras pequeño tomaste la decisión de unirte a tu madre y mantenerte lejos de tu padre. Le mirabas y decías: ‘No te necesito. No te quiero. No confío en ti.’ ¿No es así? Y les decías lo mismo a los chicos con los que deberías haber estado unido. Les evitaste, te quedaste lejos de ellos –luego intentarías romper esa alienación por medio del contacto sexual.”

La semana siguiente, Ed entró saltando con una sonrisa de victoria.

“Bien. ¡Conseguí el papel!”

“¿Qué papel?”

“El teatro de verano. Seré Curly en ¡Oklahoma!”

“Felicidades.”

“Los ensayos pueden interferir con nuestras citas,” me dijo. Probablemente serán todos los días.”

“Realmente estoy muy contento de verte tan ilusionado, tan feliz. Por supuesto tendrás que tomar tus propias decisiones sobre tus prioridades. Pero recuerda que cuando termine el show y baje el telón-“

Ed asintió. “Lo sé. Su voz era grave. “Entonces estaré solo con los mismos problemas.”

A pesar del rigor de su programa de ensayos, Ed logró encontrar tiempo para nuestras sesiones semanales. También continuó viniendo con fe a nuestras sesiones de grupo.

Una mañana me sorprendió al preguntarme si podría traer a su padre a la siguiente sesión. Recibí con agrado su sugerencia. Sin embargo, le expliqué a Ed que no tendría sentido exponer a su padre una lista de quejas. Antes de pedirle a su padre que entrase, Ed tendría que estar seguro exactamente de lo que buscaba de él. Además, expresar quejas contra su padre sólo reforzaría el sentido de Ed de ser una víctima desamparada. Ed estuvo de acuerdo en intentar pasar más allá de las quejas en la comunicación. También estuvo de acuerdo en venir a sesiones individuales entre esos encuentros de padre e hijo.

Por fin, tuve la oportunidad de conocer a Dennis Patterson. El padre de Ed era un hombre alto y atractivo que vino a nuestra cita vestido con un traje de negocios hecho a medida gris a rayas y una corbata de seda naranja llamativa.  Apretó mi mano con firmeza y me habló de la forma valiente y directa de un hombre responsable.

Empezó dejando claro que había cancelado una cita importante para tener tiempo para nuestra sesión.

Pareciendo en comparación casi frágil, Ed se sentó muy rígido en un sillón en frente de su padre. Parecía particularmente infantil e inseguro.

Luego les pedí al padre y al hijo que se mudasen a los lados opuestos de un enorme sillón, mirándose el uno al otro. Quería que se dirigiesen mutuamente. Ambos comenzaron a reír de lo nervios, obviamente incómodos. Ed abrazaba un cojín a su pecho como si fuese un escudo.

Mientras comenzaban unas bromas superficiales, pude ver que tanto el padre como el hijo deseaban la cercanía pero tenían miedo de mostrar afecto después de tantos años de frustración mutua. Dennis Paterson quería mejorar claramente la relación pero su forma directa y poderosa sólo conseguía inhibir a Edward. Ed tendía a ser vago en sus significado e indirecto en su expresión de lo que quería. Incómodo con el estilo del padre de lleguemos al punto, ahora estaba totalmente nervioso.

En mi experiencia con sesiones de padre-hijo, me he encontrado que los padres normalmente se atascan en el nivel de contenido, evitando los sentimientos. Desafortunadamente los hijos, para intentar mantener algún tipo de comunicación, permiten que sus padres se queden en ese nivel superficial. Podía darme cuenta de que a Ed le habría gustado más el intercambio de sentimientos, una expresión más emocional por parte de su padre. El Señor Paterson con frecuencia incurría en interminables charlas sobre la vida, la carrera y su tema favorito –la auto-disciplina –durante las que Ed simplemente se desconectaba. El padre parecía que estaba haciendo argumentos cercanos para el jurado. Atrapado en una conferencia llena de viejos clichés, Ed estaba claramente decepcionado.

Intentando romper ese punto muerto, interrumpí: “¿Cómo crees que te percibe tu padre, Ed?”

Ed se encogió de hombros, como si estuviese estancado entre el miedo y la esperanza. No podía responder.

Finalmente habló con una voz infantil llena de emoción. “A veces no sé en lo que estás, Papá… adónde estás llegando.”

De forma defensiva, Dennis Paterson respondió: “Bien, Eddie,… ¿Qué quieres de mí?”

¡Esta es tu oportunidad, Ed! Pensé. La apertura perfecta.

Yo sabía lo que Ed quería. Habíamos ensayado literalmente lo que diría en nuestras sesiones privadas. Sin embargo no pudo responder.

Siguió un largo lapso de silencio, durante el que el reloj hacía tic tac a lo lejos mientras la pareja estaba sentada allí muy tensa.

A su propia forma, el Señor Paterson estaba intentando conectar con su hijo pero sus charlas sobre la auto-disciplina eran obstáculos para cualquier  comunicación real. La defensa de Ed  contra las charlas de su padre era tomar la posición contraria, diciendo que quería más libertad. Sin embargo, la libertad no tenía nada que ver con ello. Lo que Ed quería realmente, que no había dicho, era el amor y aceptación de su padre.

Durante cuatro sesiones llegaron juntos. Cada vez que padre e hijo entraban en mi oficina aparentemente sin preparación, como si nunca se hubieran tenido idea de lo que iban a hablar. En verdad, Ed me dijo que vendrían en bicicleta a mi oficina en silencio, como si no tuvieran nada que decirse. Incluso en los momentos tan breves durante la sesión cuando se tocaban emocionalmente, no permanecían ahí mucho tiempo. Cada uno dirigía rápidamente  la base segura de debate fútil sobre el tema de la libertad contra auto-disciplina. Sentí miedo. Ellos sabían que bajo la superficie había daño e ira. Era como si ambos supiesen: “Si hablamos con honestidad, nos enfadaremos mutuamente.”

La madre era siempre el fantasma presente durante estas sesiones –tanto Ed como su padre decían frecuentemente lo que “Mamá” o “ella” decía. Como es típico de la familia que produce al hijo homosexual, ella había estado sobre-implicada como madre/intérprete en la relación entre padre e hijo. Decidí que era mejor ni siquiera intentar ocultar mi impaciencia y finalmente simplemente establecí la regla: “No hablar más de Mamá. Estamos aquí para tratarles a vosotros –directamente.”

Intenté alcanzar bajo la superficie, pasar la evitación del hijo y la tendencia del padre a hacer preguntas. No me atreví a introducir el tema del Gran H porque obviamente no estaban preparados para hablar de ello.  Sin embargo, allí estaba, ejerciendo un gran peso sobre nosotros.

Intenté desafiar al Señor Paterson a que dejase los discursos y a que hablase de su relación con Ed pero constantemente me interrumpía. Parecía claro que no tenía idea de cómo llegar a su hijo. Mientras les escuchaba hablar, sentía mucho lo que no se hablaba. Por primera vez, pude sentir el dolor y el sentido de fracaso de Dennis Paterson como padre.

Sabía que mis días con Dennis Paterson estaban contados. No continuaría ajustando sus citas legales mucho más tiempo. Además, sentía que aumentaba su frustración.

Mi experiencia pasada con padres y sus hijos homosexuales me ha enseñado a no esperar una brecha mayor y sostenida.  Así que cuando Ed y su padre llegaron a su quinta sesión, decidí que debería empujarles con alguna intervención fuerte antes de que el padre de Ed se fuese de la terapia para siempre. Quería que se fuesen con algo.

Mientras que Ed era claro y elocuente en nuestras sesiones privadas, no podía expresarse con efecto con su padre.  Decidí comenzar diciendo lo que cada uno de ellos debía haber sentido con toda seguridad.

“No estoy seguro de lo que vosotros dos estáis sintiendo pero me estoy sintiendo aburrido y frustrado con lo que ha estado pasando en estas sesiones. Vayamos al grano. Señor Paterson, ¿Qué quiere de Ed?”

Respondió: “Le he dicho a Ed lo que espero. Quiero que llegue a ser un adulto responsable.”

“Bien,” respondí. ¿Pero sabe lo que quiere Ed?”

“Hablando con franqueza, no, no lo sé,” me dijo.

“La semana pasada comenzaste a conectar con tu hijo,” le dije a Dennis Paterson. “Cuando conectaste con él, me di cuenta de que él se tranquilizó. Se centró completamente en ti porque le estabas dando lo que quiere. Pero tienes que seguir tras él. Ed tiene problemas para hablar contigo. Necesita que le tiendas la mano, que conectes con él. Ir a conseguirle. Veo que intentas hacer eso pero parece que siempre se deteriora con una charla. No des charlas. Quiero que le hagas saber a tu hijo que es importante para ti. Ed quiere tenderte la mano a ti pero no sabe cómo hacerlo.”

El Señor Paterson escuchaba pensativo. Luego se volvió hacia su hijo. “Bien, Ed. Creo que el Doctor Joe tiene razón. La semana pasada te hablé demasiado. ‘Esto es lo que necesito de ti.’ Puede que ahora sea el momento de que me hables tú.” Ed estaba tranquilo, mirando hacia abajo.

Su padre continuó, expresando ahora una necesidad más profunda: “Puede que debería oír si tienes planes a largo plazo de cómo quieres relacionarte conmigo.”

Ed se rió de nervios pero sin decir nada.

“¿Quieres hablarle a tu padre?” Empujé.

Se volvió a reír de nervios y siguió sin decir nada. Su padre siguió: “¿Estás diciendo, con prácticamente 18 años de edad, ‘Papá, adiós. Voy a hacer lo que me da la gana?’  O ¿Quieres que tengamos una relación duradera?”

“Sí, quiero eso.” Otra risa de nervios.

“¿Qué es lo que quieres?”

“La relación duradera.”

“Te pregunto esto,” continuó su padre, “porque te he oído decir con tanta frecuencia a tu madre: ‘Cuando me gradúe del instituto, Me voy  para siempre. Es eso.’ ”

Estaba claro para mí ahora que Dennis Paterson sentía que había sido rechazado por su hijo y lo trataba como si no fuese importante. “La razón por la que haces la pregunta es que tu hijo es muy importante para ti,” I sugerí.

“Claro,” respondió el padre. “Siempre lo ha sido.”

Me volví a Ed y le pregunté: “¿Qué te está diciendo tu padre?”

“Que quiere que tengamos una buena relación,” dijo Ed.

“Está bien. Pero tu padre no sabe cómo sostenerla. Necesita tu ayuda,” señalé.

Luego, volviéndome al padre, dije: “Dennis, esta es la primera vez en que has llegado a tu hijo en una sesión. ¿Ves lo que sucede cuando expresas un sentimiento?”

Animado, continuó: “Lo que estoy diciendo es: ‘Hijo, nuestra relación no va bien. Estás creciendo y vas a dejarnos y sería mejor que la mejoráramos ahora, antes de perderte.”

“Bien,” dije, asintiendo.

“Van a suceder muchas cosas pronto,” continuó el padre. “En un par de semanas, Ed, estarás dejando la casa para ir a la universidad. Si no establecemos una mayor confianza entre nosotros, entonces predigo que te vas para siempre. Deberíamos ir exactamente a la causa del problema. ¿Por qué la alienación?”

Ed permaneció en silencio. Sugerí suavemente: “Responde a tu padre.”

“No sé quién soy, lo que soy…, cuál es mi identidad,” dijo Ed quejumbrosamente. “Por eso no quería plantear nada.”

En una muestra de sensibilidad sorprendente, Dennis parecía rescatar a su hijo del asunto doloroso de su homosexualidad.  “Mira, hijo, cualquier cosa que pudieras tener que decirme sobre ti, sobre tu identidad, está  al lado del punto. Si tengo una buena relación contigo, eso es lo importante.”

“Realmente no sé qué decir,” tartamudeaba Ed, retirándose más lejos.

“¿Tienes miedo de que tu padre te juzgue?” Sugerí.

“Yo no soy crítico contigo, Papá,” dejó escapar Ed. “En verdad no sé por qué eres tan crítico conmigo.”

“Puede que… debería conocerte mejor,” dijo Dennis Paterson.

Me volví a Ed: “¿Qué cosas haces que te hacen sentirte bien contigo mismo?”¿Ese construir la confianza dentro de ti?”

“Me siento con confianza cuando estoy actuando, en mis clases de teatro. También escribiendo poesía.”Volviéndose para mirar directamente a su padre por primera vez en la sesión, dijo: “Hay muchas cosas que no te he dicho de mí, Papá” Su voz era de reproche aunque sus ojos eran amplios, incluso con esperanza.

 Dennis Paterson asintió: “También escribía poesía cuando tenía tu edad, hijo.”

“E incluso escribí un poema que todavía estoy intentando que se publique.” Ed se rió.

“Me gustaría que me hablaras de eso. Quiero que te sientas orgulloso de ti mismo,” dijo su padre. “Si vas a dedicarte al arte tienes que ser muy, pero que muy poderoso con ello porque hay mucha competitividad, como en el derecho.”

Añadió, con tono simpático: “no eres lo bastante poderoso en muchas cosas, hijo.” Vacilando sobre el borde de la charla, continuó: “Si no tienes éxito, no te sentirás bien con lo que haces. Quiero ayudarte a que tengas éxito en algo. No puedo enseñarte poesía o a ser actor. Sólo puedo enseñarte lo que sé.”

Pregunté a Ed: “¿Qué es lo que quieres de tu padre ahora?”

Ed se encogió de hombros, como si esta fuese la pregunta del siglo.

Aquí me di cuenta de que Ed estaba encerrado en un modelo de ver-vio que es obvio en tantas sesiones de padre-hijo –cuando uno se extiende, el otro se rinde. Ed, que buscaba desesperadamente la afirmación de su padre, ahora, en la cara de ello, parecía rendido, indiferente. Aquí estaban las huellas vivas de la exclusión defensiva de la infancia. Podía comprender la frustración de los padres de homosexuales.

Viendo la duda de Ed, su padre se volvió para mirarle a la cara. “Cuando tenías 2 o 3 años y tu madre estaba fuera de la ciudad, Ed, cogiste la viruela del pollo y te llevamos al médico. La sala de espera estaba llena de gente y había mucho ruido, por lo que comenzaste a llorar.”

Por primera vez, la voz de Dennis Paterson era temblorosa. “Te mantuve en mis brazos y te mecí y no me importaba más nadie de alrededor de nosotros y que estuviese pensando en mí, y sólo te cantaba nanas. Aunque estabas llorando, me sonreías… y por primera vez, comprendí realmente lo que significa ser padre. Me enseñaste eso entonces, hijo, dejándome acomodarte.”

Esta vez la risa de Ed era profunda y genuina. Miró a su padre con afecto.

Su padre continuó: “Pensé: ‘Amo a este niño. Nada debe separarnos nunca.’ Estaba determinado a mantener ese momento en mi recuerdo. Sé que de alguna forma lo olvidé durante estos años. Pero me enseñaste eso, hijo, un día cuando eras pequeño.”

La semana siguiente Ed llegó por sí mismo. Como sucedía con frecuencia, su padre estaba fuera de la ciudad por motivos de trabajo. Ed y yo estuvimos de acuerdo en retornar a las sesiones individuales; su padre vendría sólo en base de necesidad. Sin embargo, Ed apenas podía ocultar una sonrisa jubilosa porque su padre le había ofrecido un trabajo de verano en su oficina de abogado. “Tuvimos una larga conversación en el coche cuando íbamos a casa de la sesión,” dijo. “Le pedí que me enseñase lo que pudiese del trabajo de abogado, por si acaso una carrera de Arte no resultase ser práctica.” Dijo que podía enseñarme muchas cosas.” Su voz estaba llena de orgullo y confianza.

Resumimos cómo las personalidades de sus padres habían influido sobre él. “Tu madre es muy expresiva emocionalmente, quizás demasiado contigo. Siempre estuviste sobre-implicado con ella en un nivel emocional.” Ed asintió. Continué: “Tu padre ha sido generalmente lo contrario: fuerte, directo y con opinión en asuntos de trabajo pero emocionalmente inefectivo dentro de la familia.”

Señalé a Ed la evidente exclusión defensiva hacia su padre. Le dije cómo veía una forma de desconectarse de su padre, un modelo de conducta que por el que tendría que ser responsable. Estaba claramente en oposición con la relación que Ed buscaba con su padre.

Los padres de homosexuales tienden a revelar un sentido de desamparo, incomodidad y torpeza cuando se les requiere que interactúen directamente con sus hijos. Suelen tener pocos, si tienen alguno, amigos varones, y con frecuencia han tenido relaciones pobres con sus propios padres. Parecen ser particularmente dependientes de sus esposas como guías, intérpretes y portavoces, especialmente para relacionarse con sus hijos. En el curso del tratamiento veo generalmente una antipatía mutua, una resistencia y un profundo lamento de ambas partes. Aproximadamente la mitad de estos padres dice que sus hijos parecen haberles rechazado desde la temprana infancia. Viendo el propio rechazo de Ed a los esfuerzos de su padre para la cercanía, podía entender cómo estos padres –como sus hijos- se sentían rechazados.

El simple rasgo más común entre esos padres es que parecen incapaces de resumir el esfuerzo requerido para corregir los problemas relacionados con sus hijos. Estos padres se sienten golpeados e impotentes en la cara de indiferencia y hostilidad de sus hijos. Más que confrontar los problemas con sus hijos, tienden a retirarse y evitarlos, protegiéndose de la vulnerabilidad. Su disponibilidad emocional es bloqueada de alguna forma, y son generalmente incapaces de tomar el liderazgo para llevar la relación en dirección positiva. Algunos son frágiles y rígidos, otros severos y críticos pero otros son suaves, débiles y pasivos. A esta falta de disponibilidad emocional sus hijos la llaman con frecuencia “Blando” aunque de hecho pueden ser bastante fuertes y tener éxito fuera de la familia.

Edward ha hecho un progreso sustancial de este escrito. Está en su segundo año de carrera universitaria, especializándose en teatro y trabajando los sábados en la oficina de leyes de su padre. Por primera vez en años, ha hecho varios amigos heterosexuales. Uniéndose a una fraternidad, sufrió un rito contemporáneo de paso –semana urgente- y se encontró con que fue una experiencia poderosa. Se dio cuenta de que podía sobrevivir al riesgo de rechazo para ganar aceptación entre sus amigos. Viviendo con sus hermanos de fraternidad, encontró también una oportunidad amplia de practicar la separación de la sexualidad de sus auténticas necesidades de atención, afecto y aprobación  del mismo sexo. Se siente feliz en la facultad y cree que su vida se mueve en la dirección correcta.

Ed se ha distanciado de la relación demasiado cercana con su madre y ahora se lleva mucho mejor con su padre. Sin embargo, mientras se rompían algunas barreras significativas entre Ed y su padre, mi experiencia sugiere una capacidad limitada para cercanía de mucho tiempo entre homosexuales y sus padres. La sanación de la herida del padre parece ser menos el resultado del propio cambio sustancial del padre como el crecimiento del hijo en comprender y aceptar las limitaciones de su padre.

Es demasiado pronto para estar seguro de qué dirección tomará la vida de Ed. Como hombre de 20 años, seguramente irá pasando por muchos cambios pero existen muchas indicaciones de que este joven sincero y de buen sentido continuará con su progreso bien merecido hacia la heterosexualidad.   




4. ARTÍCULO FUNDAMENTAL A LEER PARA PROFUNDIZAR ESTE TEMA.

No hay.


5. PREGUNTAS A REFLEXIONAR, TRABAJAR Y RESPONDER EN EL CUADERNO DE TRABAJO EN TORNO A TODO LO LEÍDO:


a. Escribe las ideas fundamentales que has encontrado en este capítulo.

  • El dilema esencial del adolescente en terapia es su deseo de poner su vida en un camino sano, en conflicto con el deseo obligatorio de satisfacer intensas atracciones eróticas.
A diferencia del adulto que va a psicoterapia después de romper con el tirón de la vida gay durante varios años, y que ha decidido inequívocamente que no la quiere, no se puede esperar de un adolescente que sublime la gratificación sexual durante una visión de largo tiempo. Especialmente cuando la cultura popular le dice que debe abrazar su homosexualidad. 

  • Los desafíos típicos de un chico adolescente con orientación homosexual: (1) ira a un padre inefectivo y no implicado; (2) ira a una madre intrusa y que confunde; (3) exclusión de sus semejantes (especialmente chicos); (4) interés en el drama y en el teatro como forma de su identidad y desafíos sociales; y (6) una actitud de superioridad como compensación de un sentido de inferioridad masculina.

  • El sentimiento de ser diferente del homosexual es defensivo. Se retira en esta fantasía de ser diferente y especial como una forma de justificar su falta de voluntad para conocer a otros chicos en términos iguales.
De esa forma, puede despedir a otros varones como despidió a su padre, volviendo al lugar protegido y privilegiado de su madre. En ese mismo momento, guarda rencor a su madre por permitirle evitar el desafío de reivindicar su masculinidad y el poder intrínseco que forma parte de ella.

  • La terapia reparativa se centra en superar la exclusión defensiva de los hombres. El homosexual cuando era pequeño tomó la decisión de unirse a su madre y mantenerse lejos de su padre. Le miraba y decías: ‘No te necesito. No te quiero. No confío en ti.’ Y le decía lo mismo a los chicos con los que debería haber estado unido. Les evitó, se quedó lejos de ellos –luego intentará romper esa alienación por medio del contacto sexual.

  • Los padres de homosexuales tienden a revelar un sentido de desamparo, incomodidad y torpeza cuando se les requiere que interactúen directamente con sus hijos. Suelen tener pocos, si tienen alguno, amigos varones, y con frecuencia han tenido relaciones pobres con sus propios padres. Parecen ser particularmente dependientes de sus esposas como guías, intérpretes y portavoces, especialmente para relacionarse con sus hijos.

  • El simple rasgo más común entre los padres de homosexuales es que parecen incapaces de resumir el esfuerzo requerido para corregir los problemas relacionados con sus hijos. Estos padres se sienten golpeados e impotentes en la cara de indiferencia y hostilidad de sus hijos. Más que confrontar los problemas con sus hijos, tienden a retirarse y evitarlos, protegiéndose de la vulnerabilidad.
Su disponibilidad emocional es bloqueada de alguna forma, y son generalmente incapaces de tomar el liderazgo para llevar la relación en dirección positiva. Algunos son frágiles y rígidos, otros severos y críticos pero otros son suaves, débiles y pasivos. A esta falta de disponibilidad emocional sus hijos la llaman con frecuencia “Blando” aunque de hecho pueden ser bastante fuertes y tener éxito fuera de la familia.  




b. ¿Cuál fue la actitud de tu madre con respecto a tu homosexualidad? ¿Y la de tu padre?


Mi problema no es la homosexualidad, pero si he tenido que luchar contra una obsesión sexual de tipo homofílico derivada de mi TOC, la cual guarda cierta similitud con la AMS descartando el déficit de masculinidad.

Mi familia no tiene conocimiento sobre esta obsesión , sólo les he hablado sobre las otras obsesiones y las generalidades del TOC, tampoco deseo darles a conocer este aspecto de mi vida ni mi relación con la TRH.

Dado que no tengo AMS, mi madre o mi padre nada tuvieron que ver..., el TOC es un problema complejo en cuyo origen han intervenido principalmente circunstancias difíciles de la vida y métodos de educación rígidos, en este asunto no hay culpables.




c. ¿Qué cosas te hacen enfadar?


Principalmente estar enfermo, sentirme frustrado a causa de alguna discapacidad, ser traicionado, odio la deslealtad, también me enfurece sobremanera la injusticia y la maldad de los seres humanos, aborrezco la mentira y la corrupción.



d. ¿Cómo te enfrentas a las situaciones que te estresan?


Procuro mantenerme en un estado de reposo mental, aunque vivir con él TOC es como vivir todo el día con tensión y dolor de cabeza, sin paz, sin descanso, sin tregua. Para vencer el terrible estrés que me crea el TOC ha sido necesario trabajar la ansiedad inherente a la enfermedad nuclear por medio de técnicas de relajación y métodos de PNL.

En ausencia del TOC nada me genera estrés, puedo controlarlo por completo e incluso llegar a no sentirlo.




¿Cómo te sientes y cómo reaccionas frente a grupos de hombres?


Me encanta estar rodeado de hombres, la amistad que me resulta más grata y placentera es la masculina. A todos los chicos los siento como mis iguales.

Es normal experimentar algo de nerviosismo cuando me enfrento por primera vez a un grupo, pero, luego, al poco rato me adapto con facilidad y disfruto del ambiente, de las bromas, y participo activamente.

Los adolescentes son mis predilectos porque me generan ternura y gran alegría, además mi conexión con el pasado es muy fuerte en relación a esa edad, estos chicos son mi pasaporte para cubrir las necesidades emocionales insatisfechas que subsisten en el presente.

Es común que me sienta bastante tenso cuando estoy rodeado de adolescentes, pues esta situación reactiva mi frustración del pasado y mi dolor ante la perdida de tan hermosas y gratificantes experiencias de la vida juvenil, pero también, este ambiente y estas personas son mi oportunidad de sanación, de reivindicación, de crecimiento.





6. PROPUESTA DE EJERCICIOS PRÁCTICOS A REALIZAR PARA LLEVARLO A LA VIDA COTIDIANA. ESCRIBE LAS CONCLUSIONES DE ESTOS EJERCICIOS EN TU CUADERNO.



a. Intenta identificar qué actitudes defensivas tenias frente a tu padre de niño y cuáles persisten en la actualidad. ¿Cómo las vives?


No aplica.

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