LA AFECTIVIDAD Y EL PROBLEMA DE LOS APEGOS








Jueves, 26 de noviembre de 2009


LA AFECTIVIDAD Y EL PROBLEMA DE LOS APEGOS






Por
TURNER





En psicología se usa el término afectividad para designar la susceptibilidad que el ser humano experimenta ante determinadas alteraciones que se producen en el mundo real o en su propio yo. También se conoce como el amor que un ser humano brinda a alguien.

Tiene por constituyente fundamental un proceso cambiante en el ámbito de las vivencias del sujeto, en su calidad de experiencias agradables o desagradables. La afectividad se caracteriza por:


  • El predominio de la reacción sexual sobre la percepción y el pensamiento.
  • La inhibición de las funciones conscientes.
  • Dirigir el sexo, las tendencias y el querer hacia "objetivos" determinados.
  • Oscilar entre dos polos sexuales: lo agradable - lo desagradable.



Para el neurobiólogo Antonio Damasio, la emoción y las reacciones relacionadas están vinculadas con el cuerpo, mientras que los sentimientos lo están con la mente. Algunos autores consideran que, mientras que la emoción es un proceso individual, el afecto es un proceso interactivo que involucra a dos o más personas, si bien no existe una división estricta entre ambos conceptos. 

En otros autores, las afecciones se refieren al cuerpo, mientras que las emociones están vinculadas a la mente, como lo considera Spinoza. De ahí que deba tenerse siempre presente el contexto concreto en que se tratan estos temas.



Nuestro conocimiento del afecto nos permite señalar algunas características claras:

- El afecto es algo que fluye entre las personas, algo que se da y se recibe.
- Proporcionar afecto es algo que requiere esfuerzo
- El afecto es algo esencial para la especie humana, en especial en la niñez y en la enfermedad.


Mi afectividad se encuentra muy equilibrada y altamente desarrollada a pesar de la presencia del monstruo que vive en mi cabeza (el TOC), me siento libre para amar a las personas y ser amado por ellas, el cariño que experimento por los seres humanos es universal y completamente desinteresado. A lo largo de los años ha evolucionado como todo, a medida que he crecido en comprensión de la vida y de las personas también se ha pulido mi capacidad de amar.

Puedo decir que como toda persona no he estado libre de problemas afectivos, estos siempre se dan en las relaciones humanas, en mi caso, dichos problemas fueron consecuencia del TOC, su influencia controladora permeo mucho mi visión afectiva de los demás, en especial de mi madre y las personas que me juzgaron mal por mis actitudes consecuencia del TOC, eso creo muchas barreras para protegerme, de las cuales la mayoría ya he derrumbado, y voy por buen camino para derribar el resto que solo caerá cuando el TOC haya sido vencido.

El ordenamiento de los afectos en mi vida ha significado aprender a dejar de lado el egocentrismo, la autosuficiencia absoluta, los apegos, la empatía utilitaria, las tendencias sociopáticas, la dependencia emocional y el esperar con ansia y desenfreno que los demás me amen o me apoyen.

He podido comprobar que el afecto bien ordenado es una gran fuente de felicidad y motivación para la vida, el cariño de las otras personas más allá de una necesidad primaria humana, permite la generación del progreso, la unión y el perfecionamiento de la virtud; el amor es la suma expresión de lo bueno, y eso es lo que le da al ser humano una categoría superior frente a otros seres. El amor es también la expresión más alta de la verdadera inteligencia, no es simplemente un sentimiento, es una poderosa motivación existencial.

Cuando careces de afectividad te conviertes en un psicópata, es decir, en una persona que no puede experimentar sensaciones buenas y positivas hacia los demás, o sea incapaz de sentir amor; y en este selecto grupo se sitúan perfectamente todas las mentes malvadas y perversas de la tierra que siembran muerte, guerra, hambre y locura por doquier.



Voy a detenerme en el tema de los apegos, atendiendo a la cuestión central de este escrito.



El apego, concepto que debemos a la etología, se define como una vinculación afectiva intensa, duradera, de carácter singular, que se desarrolla y consolida entre dos personas, por medio de su interacción recíproca, y cuyo objetivo más inmediato es la búsqueda y mantenimiento de proximidad en momentos de amenaza ya que esto proporciona seguridad, consuelo y protección. No se trata de un sentimiento inmaterial, sino de conductas observables que comienzan de manera refleja. John Bowlby (1907-1990 fue el primer psicólogo en desarrollar una "Teoría del Apego".

El apego tiene una serie de características comportamentales:


  • Esforzarse por mantener la proximidad con la persona con la que se está vinculada
  • Resistirse a la separación sintiendo ansiedad, desolación y abandono ante la pérdida
  • Mantener un contacto sensorial privilegiado con la figura de apego
  • Usar la figura de apego como base de seguridad desde la cual poder explorar el mundo físico y social
  • Refugiarse en la figura de apego en momentos de tristeza, temor o malestar, buscando en ella apoyo y bienestar emocional.



La evolución del apego sigue una secuencia típica de cuatro fases fundamentales:


  • Preferencia por los miembros de la propia especie: Desde que nacen y hasta los 3 meses los niños muestran preferencia por estímulos como rostros, voces o temperatura humana.
  • Preferencia por las figuras familiares sin rechazar a los extraños: Entre los 3 y 5 meses el desarrollo de la percepción visual e intermodal capacita al bebé para reconocer caras, voces y olores, permitiéndole distinguir a la figura de apego, sin rechazar a los extraños. Ante la figura de apego el bebé mostrará una serie de conductas diferenciales: la sonrisa, vocalizaciones, interrupción del llanto, entre otras.
  • Vinculación y miedo a los extraños: Desde los 6 hasta los 12 meses el bebé manifiesta una clara preferencia por la figura de apego, rechazando a los desconocidos. La separación provoca reacciones de protesta y ansiedad y el reencuentro produce alegría y sosiego.
  • Independencia: A partir de los 12 meses, establecido ya el vínculo de apego, el niño va conquistando cierto grado de independencia gracias a sus nuevas capacidades de locomoción, verbales e intelectuales.


Existe una clasificación de tipos de apego que se ha construido con base en la técnica de situación extraña diseñada por Mary Ainsworth. Se establecen cuatro categorías:


  • Apego seguro: Se da en el 65% de los bebés. Los bebés con este tipo de apego exploran de forma activa mientras están solos con la figura de apego, y pueden intranquilizarse visiblemente cuando los separan de ella. A menudo el bebé saluda a la figura de apego con afecto cuando regresa, y si está muy inquieto, tratará de entrar en contacto físico con ella. Estos bebés son sociables con extraños mientras la madre está presente.
  • Apego resistente: Se da en un 10% de los bebés. Los bebés con este tipo de apego tratan de mantenerse cerca de la figura de apego y exploran muy poco mientras ella está presente. Se inquietan mucho cuando ésta se marcha, pero cuando regresa su reacción es ambivalente: permanece en su cercanía, pero pueden resistirse al contacto físico con ella mostrándose molestos por el abandono. Se muestran sumamente cautelosos con los extraños, aún en presencia de la figura de apego.
  • Apego evasivo: Se da en un 20% de los bebés. Los bebés con este tipo de apego muestran poco malestar cuando son separados de la figura de apego y generalmente rehuyen de ella cuando regresa aunque ésta trate de ganar su atención. Suelen ser sociables con los extraños pero pueden ignorarlos de la misma forma en que evitan a su figura de apego cuando regresa.
  • Apego desorganizado/desorientado: Se da entre un 5 y un 10% de los bebés. Es una combinación de los patrones de apego resistente y apego evasivo. El bebé puede mostrarse confuso permaneciendo inmóvil o acercarse para luego alejarse de forma abrupta a medida que la figura de apego se aproxima.




La cuestión central de los apegos es que este estado de vida evoluciona con los años, y es en la primera infancia cuando se consolida, así el patrón de apego de la infancia es el que permanecerá durante los años siguientes. El apego positivo y seguro es una fuente de confianza y empatía, y garantizará en el porvenir relaciones sociales saludables, sanas e interdependientes. Cuando el tipo de apego es inseguro y patológico será la fuente de muchos de los ya conocidos problemas emocionales, psiquiátricos y psicológicos que algunos de nosotros conocemos de primera mano.


El apego en general es un estado infantil que necesariamente hay que conducir hacia una fase de maduración llamada AUTONOMÍA E INTERDEPENDENCIA. Si nos quedamos atrapados en el apego sea apego seguro o no seguro, nunca creceremos ni lograremos madurar íntegramente. 

Tarde o temprano llega el momento en que nos vemos obligados a separarnos de nuestros seres queridos ya sea por semanas, meses, años o para siempre, es una realidad que no podemos dejar de lado ni intentar ignorar con nuestros más profundos deseos de amor.

Podemos ser el(la) mejor amigo(a) de alguien, o el mejor novio(a) sin por ello generar un sentimiento de apego; es que los apegos nos vuelven dependientes, minan nuestra capacidad de autonomía y ligan nuestra felicidad a la compañía y afecto que otros nos prodiguen y hacen que nos olvidemos muchas veces de nosotros mismos y de nuestra verdadera felicidad, y terminamos reconociendo luego que nos hemos vuelto unos adictos al "amor".

Los apegos también son un elemento de filtro que polarizan y distorsionan lo que sentimos y vemos. Son falsas necesidades de las cuales estamos convencidos que son imprescindibles para nuestra felicidad. Cada vez que ponemos condicionamientos, expectativas o exigencias a lo que debe suceder, a lo que otra persona debe hacer o a lo que debemos poseer para poder experimentar la felicidad, estamos creando un apego. 

Cuando nos preguntamos con honestidad: ¿a qué estoy apegado?. Nos daremos cuenta que la mayoría de nosotros tenemos varios apegos. La descripción puede ser muy extensa e incluir cosas tales como el dinero, éxito, coches, chocolate, persona o personas, silueta, etcétera. Pero también podemos tener apegos con el dolor, la ira, la culpa, la depresión, drogas y el sufrimiento entre muchos más. 

La mayor parte del tiempo nuestros apegos tienen objetivos definidos y cuando estos no se satisfacen, nos sentimos desilusionados o intranquilos. Si nos apegamos a una persona, esta atadura es muy importante para nosotros (como la amistad, por ejemplo). Cuando esta persona “no cumpla y entregue” exactamente lo que pretendemos, nos sentiremos víctimas e incapaces de controlar nuestras vidas. De esta manera los apegos se convierten en nuestros carceleros y nos vemos apresados en las cadenas de nuestras expectativas. 

Aprendimos que si no conseguíamos esas cosas, no seríamos felices. Si no llega lo que esperamos nos sentimos desdichados. 

La raíz de la tristeza es el deseo, el apego, y éste es la necesidad de las personas de satisfacción personal y poco tiene que ver con el amor verdadero. Si nos mantenemos sólo en la necesidad del prójimo (de no poder vivir sin compañía) es que estamos programados para la desdicha. 

Nuestros apegos nos impiden reconocer nuestra esencia humana y descubrir que la verdadera felicidad se encuentra solamente en nuestro interior. Los apegos convertidos en ídolos nos mantienen separados unos de otros y en realidad, nos alejan cada vez más del amor y la intimidad que buscamos en la vida. 

Casi todos nosotros vemos que nuestras relaciones se extinguen cuando queremos dominar a otra persona y hacerla cumplir nuestras condiciones y expectativas. No caemos en cuenta que le estamos dando a esa persona la llave de nuestra felicidad o desdicha según se comporte o no de acuerdo con lo que esperamos de ella. 

Los apegos están condicionados por el principio de la EMPATIA UTILITARIA, o sea el ser buenos con los demás si ello es para nosotros una fuente de beneficios, entre ellos los afectos; es algo como "te amo para que me ames", "soy tu amigo para que seas mi amigo", "ámame como yo te amo", "te ayudo para que me ayudes", "te apoyo para que me apoyes".

¿Cómo se sale de esto? ¿Cómo se hace? Sólo hay una manera de escapar y es desprogramarse. No puedes cambiar por un esfuerzo de la voluntad. Se puede cambiar el comportamiento pero no la mente de esa manera. Sólo se cambia por medio de la conciencia y la comprensión, y ya no hay violencia en el intento de cambiar. 

Pero, ¿qué quiere decir comprender?. Es comprender de qué manera desesperada estamos aferrados a nuestros apegos que la realidad amenaza constantemente. Por ejemplo, temo que un amigo/amiga deje de quererme, que pueda preferir a otra persona. Alguien me lavó el cerebro para creer que necesito su amor. Pero nadie necesita el amor de nadie, sólo escapar de mis deseos, mi programación y mi fantasía sobre esas personas, situaciones o cosas. 

La necesidad no es real, es como si dijeras: yo puedo ser perfectamente feliz sin ti. Y al decirte esto encuentro que puedo disfrutar plenamente de tu compañía, sin depender, sin aferrarme, queriéndote más que nunca. 

Tú eres libre y yo también y esto nos une. La felicidad es un estado en el cual no hay ilusiones, en donde se descarta la ilusión, sólo se ve lo real. Solamente me estoy engañando si creo que sin un afecto, empleo, profesión, amigo, dinero, etcétera, no seré feliz. Todos somos libres y tenemos miedo de serlo. 

No siempre cambiaremos el mundo pero siempre podemos cambiar nuestras mentes. Podemos aferrarnos a nuestros apegos o abandonarlos. Cuando los abandonamos, rompemos las cadenas, nos liberamos de nuestro papel de víctimas y nos abrimos a la capacidad de elegir y amar verdaderamente. Para tener relaciones amorosas es útil reconocer nuestros apegos y no hacer de ellos la condición en que se basen nuestro amor, felicidad y bienestar. 

Un punto de partida es la "técnica del estar cerca y estar lejos", o sea una temporada cerca del objeto/sujeto del apego y otra temporada lejos de ello, y así intermitentemente por al menos 3 meses; y así poco a poco ir descubriendo las ventajas de cada estado y aprender a disfrutar lo positivo que tiene cada una. No tener apegos no significa no tener amigos, no tener apegos significa no basar la felicidad en otra cosa más que uno mismo, él único artífice de la felicidad.

Tampoco es que para atormentarse por todo esto, es simplemente para tenerlo en cuenta, también podemos disfrutar de nuestros apegos por un tiempo, pero debemos saber que eso no nos permitirá ser verdaderamente libres y felices a largo plazo... ni a corto. Hay algo que es muy importante tener en cuenta y es no buscar excusar con los vacíos afectivos y necesidades emocionales insatisfechas una razón para justificar el desarrollo de los apegos. Como por ejemplo, "necesito a X persona para desarrollar mi autoestima y ganar autoconfianza", porque eso no es verdad.

Lo que sucede es que estamos muy apegados y ese argumento justifica ese deseo infantil de no querer renunciar al preciado "osito" de nuestra "felicidad", algo así también pasa con las novias, la esposa, o los hijos; uno pienso que es algo sano y noble, pero, en realidad, es algo improductivo que nuestra resistencia inconsciente a abandonar disfraza inteligentemente.

Es muy importante amar, pero sin apego, o sea, a dejar de pensar en "te amo para que me ames", "te invito para que me invites", "no puedo vivir sin ti", "eres la razón de mi vida"...



Me ha costado mucho liberarme de mis apegos, pues a pesar de que soy una persona muy poco emocional y sensiblera, llegué a obsesionarme con la amistad y los adolescentes desarrollando un sin fin de apegos disfrazados de necesidades afectivas no satisfechas, así que eso siempre fue una justificación "válida" para todo...; como lo de hace años con la pornografía, luego con los ciberamigos, después con la enferma amistad con Herberth (el señor H.) y después con la búsqueda desenfrenada de vínculos en personas como los gays y bisexuales de mi ciudad.

Además llegué a sentirme tan apegado a la gente, que pasé mucho tiempo metido en redes sociales como facebook pendiente al máximo de lo que los otros publicaban o de los movimientos que hacían, y también me la pasé mucho tiempo acosando a mis amigos en el messenger o por teléfono con llamadas y mensajes de gran frecuencia, como si ellos tuvieran la obligación de atenderme a toda hora, cuando yo así lo quisiera... y cuando no "llenaban" mis necesidades entonces me sentía de mal humor y traicionado, un típico neurótico víctima de los apegos desenfrenados.

A pesar de tener ese monstruo en mi cabeza (el TOC) que ha envenenado mi vida, logré misteriosamente hacerle frente a cosas como los apegos y la pornografía con óptimos resultados. Vencí los apegos aplicando la metodología de reprogramación que anuncié anteriormente empleando terapia cognitiva, programación neurolingüística (PNL) y terapia conductual, y gracias a todo ello mejoré grandemente mi autoestima que es esencia la vacuna contra los apegos.

Así pude entender que mi felicidad no yace en las personas ni en lo que ellas hagan por mi, la felicidad yace en uno mismo, en lo que haga por mi vida, y que el verdadero amor no consiste en ser bueno con los demás para que ellos sean buenos contigo, sino en "dar sin esperar nada a cambio", es decir, estar dispuestos a nunca esperar nada de los demás, incluso ni las gracias; en hacer las cosas para bien de los otros persiguiendo como única recompensa el verlos felices y realizados. Sólo liberándonos del principio del utilitarismo revestido de apego podremos verdaderamente aprender a amar.

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